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¿Hartos de crispación y de falta de acuerdos?

El último estudio del CIS ha tenido un eco especial. Dice que los españoles creen que hay demasiada crispación política, que les preocupa mucho, que hay que intentar reducir la bronca, y que los partidos –a los que se señala como principales responsables– tienen que llegar a acuerdos. ¡Qué políticamente correcto todo y qué cultura democrática tan avanzada! Solo hay un problema: si hay tanta coincidencia, ¿cómo es posible que quienes compiten por los votos no estén eliminando la crispación para conquistar los corazones y las papeletas del electorado? ¿Cómo es que no llegan todos los días a pactos cruciales que se escenifiquen en cada sesión de control en los momentos de mayor atención mediática?

Varios elementos aconsejan cuestionar algo sobre el supuesto hartazgo de la crispación y la falta de grandes pactos. En primer lugar, parece claro que nadie que sea interrogado sobre la necesidad de que los partidos alcancen acuerdos va a decir que no. No sólo porque estas ideas forman parte de lo políticamente correcto, sino porque son lo que el entrevistado cree que el entrevistador espera de él. Cosa diferente sería si le preguntaran a un votante progresista si le gustaría que el Gobierno PSOE-UP pactara con el lado conservador una ley educativa asumiendo, por tanto, algunos de los postulados del PP o Vox, sobre, por ejemplo, la religión o los valores a resaltar en el sistema educativo. O a un votante conservador si estaría dispuesto a que su partido alcanzara un acuerdo con el Gobierno progresista para consensuar una ley del aborto. ¿Qué “precio” político, ideológico y de valores, estamos dispuestos a pagar en aras del idealizado acuerdo? Decir que se quieren consensos no basta –faltaría más, ¡vivimos en sociedad!–, es necesario conocer el precio que se está dispuesto a pagar. Un caso concreto: la semana pasada, editorializaba advirtiendo a Feijóo que haber apoyado en el Congreso el proyecto de Ley de Seguridad Nacional del Gobierno creaba un mal precedente, porque el sanchismo debía ser objeto de una oposición total. Sigue leyendo en infolibre.es

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