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Por el camino verde (III): El lío de la factura de la luz, o cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer

Artículo de opión de Cristina Monje en Infolibre

El precio que pagamos por la electricidad tiene poco que ver con lo que cuesta su producción. Sin embargo, su valor es central para cualquier actividad humana. De hecho, no hay forma mejor de conocer una sociedad que analizando sus flujos energéticos: dime dónde, cómo y cuándo consumes energía, y te diré qué tipo de sociedad eres. Quienes no pueden afrontar la factura de la luz de cada mes, lo saben bien. Por eso aquí hay que volver a Machado y recordar aquello de que sólo un necio confunde valor y precio.

Dos problemas: El del coste de la energía y el de los costes regulados

Es cierto que el asunto de la energía es cualquier cosa menos sencillo, especialmente el del sector eléctrico, y si alguien quiere profundizar en por qué se paga el precio que se paga, habrá de invertir unas cuantas horas en entender los detalles. Como ejemplo de buen ejercicio de pedagogía, este vídeo de Aimar Bretos en Hora 25 explica a las claras que el origen de todo el lío está en el ya famoso mercado marginalista, es decir, en el hecho de que la fuente de electricidad más cara marca el precio del conjunto de la energía que se consume… el día siguiente (y este detalle no es baladí).

Quien quiera adentrarse en conocer un poco más el asunto, le recomiendo ojear este informe de la Fundación Renovables donde explica cosas importantes. En primer lugar, que en la factura de la luz, el coste de la energía es el 41% y el otro 59% corresponde a lo que se llaman “costes regulados”, entre los que se encuentran conceptos como el pago de déficit por tarifa, el transporte, la prima de cogeneración y residuos no renovables, etc., todos ellos bastante cuestionables y discutibles. A la hora de plantearse qué hacer, debe preguntarse, por tanto, cómo actuar en cada uno de estos dos capítulos, el del coste de la energía y el de los costes regulados.

Desde el Gobierno se recuerda, y es cierto, que este sistema que llamamos marginalista es común a todos los países de la Unión Europea –implantado en la Ley 54/1997 del Sector Eléctrico y ratificado por el Reglamento 2015/1222 de la Comisión Europea– y que, pese a los intentos de la vicepresidenta Teresa Ribera de que se replantee, carta incluida a Timmermans, los socios europeos no están dispuestos a mover ficha. El problema se ha agravado ahora, cuando el precio del gas, en manos de Rusia y Argelia, se ha disparado, empujando al alza al conjunto de fuentes de electricidad, y cuando los derechos de emisiones de CO2 se han convertido en un instrumento financiero más con el que especular que las empresas energéticas acaban repercutiendo en… Seguir leyendo en infolibre.es

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