Conocimiento para la transición ecológica y la calidad democrática

La opacidad de la luz

Ya perdonarán, pero aunque la semana pasada di por terminada mi serie Por el camino verde, la actualidad me lleva una y otra vez a toparme de frente con los obstáculos que la transición ecológica va encontrando en su desarrollo, y no son pocos. Resulta alarmante comprobar cómo van surgiendo sin que, aparentemente, exista una manera rápida y eficaz de superarlos de inmediato. El que hoy describo no es una pequeña piedra en el camino, sino una enorme roca que, de permanecer, obstaculizará el resto del recorrido. Se trata de la opacidad que rodea a las cuestiones energéticas, y en este caso en concreto, a las eléctricas.

Tras un verano caliente con el recibo de la luz, a medida que el debate avanza vamos comprobando la complejidad de un mercado tan peculiar que ningún liberal clásico lo consideraría como tal, con un oligopolio que mantiene privilegios desde hace décadas. En realidad, estamos asistiendo a un pulso velado entre el Estado y uno de los sectores que más poder –del de verdad– ostenta y ejerce. En los medios de comunicación se van conociendo las distintas posibilidades que el Gobierno español, como otros de la UE, puede poner en marcha (aquí Javier Martínez hace un repaso exhaustivo; aquí se mira al resto de países europeos; y aunque esté mal autocitarse, yo misma recogía aquí hace poco medidas a corto, medio y largo plazo, que pueden tomarse). Si es inquietante comprobar que las autoridades no acaban de dar una respuesta clara al por qué sí o por qué no de cada una de estas medidas –de tal forma que no se acaba de tomar ninguna–, más lo es comprobar que las empresas eléctricas han decidido no participar en el debate. Ni una explicación, ni una palabra, ni un argumento para hacer a la opinión pública conocedora de su posición al respecto. ¡Ni que estuvieran sobradas de reputación!

No es el único asunto en que la falta de información y de transparencia es la regla. En el despliegue de las renovables en el territorio, fundamentalmente en eso que llamamos la España vacía, se están repitiendo las peores prácticas de oscurantismo, engaños y pelotazos que vimos en otros tiempos con la construcción de embalses o la especulación urbanística. Poderosos gabinetes llegan a los municipios y a hurtadillas, sin asamblea mediante y negociando tú a tú con ayuntamientos cuyas deudas son la calderilla de la hidroeléctrica, o hablando a escondidas con vecinos que carecen de cualquier asesoramiento, levantan negocios millonarios ajenos al interés de cada localidad, comarca o comunidad autónoma. Lo hacen con las renovables, como lo hicieron con el agua o el ladrillo. Y de nuevo las administraciones parecen incapaces de contener tal actividad, cuando no ejercen de… Seguir leyendo en infolibre.es

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