Frente a la percepción de que está muy extendido, el problema se limita al ámbito de la contratación pública y lo protagonizan políticos, empresarios y personal relacionado con las adjudicaciones
Conviene no confundirse: España no es un país corrupto. Nadie ha tenido que deslizar un billete de 50 euros encima de la mesa para conseguir que el médico le recete un antibiótico, el funcionario municipal le tramite un empadronamiento o los juzgados agilicen un expediente. Tampoco a los profesores nos llegan regalos para aprobar a los estudiantes que no superan el cinco, y cada vez se escucha menos aquello de ¿con o sin factura? cuando se lleva el coche al taller o se contrata en casa una obra menor. Estas prácticas, comunes en otros países, no ocurren aquí….
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