Se acumulan los informes que dan testimonio de cómo la democracia va perdiendo terreno en el mundo. Cada vez menos personas viven en regímenes que merezcan tal nombre y aun entre los que formalmente sí lo son, surgen dudas más que razonables. Por si esto fuera poco, cuando se pregunta si la democracia sigue siendo un bien supremo a defender, el mejor de los regímenes, o algo prioritario, las respuestas de los más jóvenes aterran. El politólogo Oriol Bartomeus, autor del interesante ensayo El peso del tiempo: Relato del relevo generacional en España (Debate), publicaba hace unos días esta imagen más que inquietante. Puestos a elegir entre vivir en un país gobernado democráticamente pero que no garantiza un nivel de vida adecuado, o en uno donde se garantiza ese nivel de vida pero no es democrático del todo, esta segunda opción gana adeptos conforme más jóvenes son los entrevistados.
Asistimos a un descrédito de la democracia ante nuestros ojos mientras intentamos entender cómo es posible que Trump pueda volver a ganar unas elecciones, que Putin pueda no perder la guerra en Ucrania o que Israel pueda cometer un genocidio ante un Occidente noqueado aunque cómplice. En medio de la cotidiana pelea sin cuartel en que se ha convertido la actualidad política española, impacta comprobar que, por debajo de la rebatiña en torno a la amnistía …..
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