La patada en el tablero político que ha supuesto la victoria de Donald Trump no ha dejado a nadie en su sitio. La alianza euroatlántica vigente desde la II Guerra Mundial ha saltado por los aires y en esta parte del Atlántico las contradicciones se multiplican. Quien no acierte encontrando su sitio estará condenado.
Vistas las cosas con perspectiva, la decisión es de lo más sencilla: si quieres defender a España, no puedes estar con Trump. Con ese Trump que amenaza con poner aranceles al campo, al aceite, al jamón, al acero, al aluminio y a todo producto español (y europeo), que ningunea a nuestros representantes, que nos confunde con países BRICS… Solo por esto, por defender a España de las amenazas de Trump, ya estaría justificada la posición contraria. Y como las buenas decisiones políticas
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