De entre todas las formas que existen de hacer política, la más discreta, la que no genera escándalos y se ejecuta como hecho consumado, suele ser la más eficaz. Sin necesidad de salir oficialmente de la Constitución, ni de expulsar a los delegados del Gobierno, cualquiera que haya visitado los últimos años Euskadi se habrá dado cuenta de que apenas hay rastro del Estado español ni de conflicto alguno entre ambos espacios. Si pensaba que era un efecto óptico, esta campaña está dando muestras de que no.
Recordemos la campaña de elecciones municipales y autonómicas del pasado 28 de mayo. Claramente protagonizada por temas de ámbito nacional –la presencia de condenados de ETA en las listas de Bildu, las alianzas del Gobierno de España con nacionalistas vascos y catalanes, los efectos de la ley del Sí es Sí, la reforma de la malversación y la sedición…–, protagonizada por los líderes nacionales de cada formación, y con efectos a nivel nacional, nada menos que el adelanto electoral de las generales el 23J. Si nos fijamos en las gallegas, veremos que fue …..
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