UNAS ELECCIONES HISTÓRICAS (O CASI)
Las recientes elecciones europeas, celebradas el 9 de junio en la mayoría de Estados Miembros, incluidos España y Portugal, suponen un hito crucial para la UE.
Diversos analistas han coincidido en calificarlas como históricas, las más relevantes
desde las primeras elecciones por sufragio universal al Parlamento Europeo en 1979. Se coincida o no en ese apelativo, lo cierto es que el actual contexto impone sobre el nuevo Parlamento, así como sobre el resto de instituciones comunitarias, decisiones muy relevantes de cara a asegurar que la UE sigue satisfaciendo la promesa de paz y prosperidad compartidas que está en su razón de ser.
Lejos de asumir el ciclo 2019-24 como una coyuntura excepcional, todo apunta a que el
contexto de poli-crisis será la nueva normalidad. De manera muy resumida: el auge de nuevos jugadores en el tablero global obliga a Europa a tomar medidas si no quiere ver amenazada su capacidad para definir y defender su modelo de sociedad. Preservar esa
capacidad de decisión exigirá decisiones relevantes sobre nuevos fines a priorizar y los instrumentos a poner en marcha para conseguirlos. Esos procesos de decisión, que generarán un profundo debate dado el impacto desigual sobre los socios, tendrán lugar en un contexto interno de creciente contestación social y política a las fuerzas que tradicionalmente han definido los consensos básicos de la Unión. En función del
equilibrio político resultante, las decisiones que se adopten incidirán más en unos aspectos o en otros, con consecuencias potencialmente muy relevantes sobre nuestro futuro.
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