Los cinco días de abril que siguieron al retiro del presidente Sánchez acabaron con un anuncio: la puesta en marcha de un paquete de regeneración democrática que debería suponer un “punto y aparte” en la legislatura.
Hay quien piensa que el hecho de que ese anuncio fuera el cierre en falso de una crisis aún no explicada le confiere un pecado original que le resta credibilidad. Sea como fuere, y en vista de lo necesarios que son este tipo de planes para el conjunto de las democracias occidentales y para España en particular, en este caso creo que sí es conveniente “hacer de la necesidad virtud”, por lo que dedicaré el mes de agosto a reflexionar sobre algunas de las preguntas fundamentales que pueden ayudar a profundizar en la discusión sobre regeneración democrática.
Empecemos por el principio. ¿Por qué hace falta un plan de regeneración democrática?
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