Una de las piezas claves del manual trumpista es conseguir crear un totum revolutum para que la opinión pública meta todo, y a todos, en el mismo saco. De los creadores de “todos los políticos son iguales” se han ido presentando luego nuevas y destructivas realizaciones: “todos los periodistas mienten”, “todos los políticos se retuercen en el lodazal de la bronca continua en el Congreso” y “todos los partidos son corruptos”. De ahí la necesidad, hoy más urgente que nunca, de diferenciar entre unos y otros. Para ello, hay que encontrar criterios que ayuden a objetivar y nos vacunen de los sesgos de confirmación, esos que hacen ver la paja en el ojo ajeno mientras nos impiden percibir la viga en el propio.
Estos días nos brindan muchos ejemplos. En los trabajos que se han venido haciendo sobre el 11M se ha visto claramente que no todos los periodistas se dejan atrapar por las redes del poder ni todos compraron la teoría de la conspiración, mucho menos cuando empezaron a surgir indicios y pruebas ….
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