“Cuando la democracia se termine, probablemente, nos sorprenderá la forma en que lo hará. Puede que ni siquiera notemos que está ocurriendo, porque nos estaremos fijando en otros aspectos o en otras cuestiones.”, y continúa: “Cuanto más se da por asumida la democracia, más oportunidades hay de subvertirla sin tener que derrocarla.” Lo dice el politólogo de Cambridge David Runciman en Así termina la democracia (Paidós).
Cuando escribo estas líneas se desconoce la decisión que tomará el presidente del Gobierno tras su misiva en la que se preguntaba si merecía la pena seguir en el cargo. Cinco días que han desatado movilizaciones de adhesión a su persona, ataques durísimos por parte de la derecha sin un atisbo de empatía, y en algunos sectores –no todos los que cabría esperar– debates sobre los problemas de fondo que erosionan las democracias. Vaya por delante el más absoluto de los respetos a la decisión del Presidente, sea la que sea, pues sólo a él y los suyos les corresponde valorar el coste y optar por la salida más adecuada. Tan legítimo y valiente es irse como desistir. Ojalá tanto él como el resto de la sociedad ….
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