Un fantasma vuelve a recorrer Europa, y esta vez de forma rotunda y visible. Se trata de los miles de personas que están saliendo a las calles de las principales ciudades para mostrar su repulsa al genocidio que Israel está perpretando en Gaza y pedir a sus gobiernos que actúen. Nada que las encuestas no estuvieran diciéndonos ya, pero al mostrarse juntos en las calles su mensaje cobra mayor fuerza y capacidad de transformación. En unos casos plantean cortar toda relación diplomática; en otros, ir más allá. No es a los activistas a quienes corresponde decidir con la precisión del cirujano qué medidas son más eficaces. Su función es otra; es mostrar un estado de ánimo, que no puede ser otro que la indignación que emerge cuando se constata la barbarie en tiempo real. Su mensaje, nítido: “No es una guerra, ….
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