Si hace un año hubieran leído una columna en la que se dijera que las derechas no sumarían, que Pedro Sánchez volvería a conseguir la investidura como presidente del Gobierno, que se reformaría la Constitución, que se aprobaría una Ley de Amnistía y que Illa estaría acariciando el Palau, probablemente pensarían que el analista de turno había perdido el sentido de la realidad.
Nada de esto ha sido sencillo ni admite análisis simples. En realidad, el 23-J la izquierda no ganó, pero la derecha perdió (y conviene no perder esto de vista). La investidura de Sánchez abrió grietas profundas en entornos socialistas porque se sabía unida a la misma ley de Amnistía que unas semanas antes el propio líder negaba. Dicha ley de Amnistía se está aplicando ya, y sus efectos se adivinan benéficos, pero la reacción de parte de la judicatura promete ser larga y beligerante. De la misma forma, la investidura de Illa sólo será posible si ERC consigue convencer a los suyos no sólo del mal menor, sino de que….
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