Quienes nos preguntamos en 2016, cuando Trump llegó al poder por vez primera, cuáles serían los efectos que provocaría tener un presidente así en la Casa Blanca, nos debatíamos entre dos tipos de previsiones. Por un lado, quienes consideraban que el sistema tiene suficientes resortes para resistir los embistes de la barbarie, los famosos check and balances, los contrapesos establecidos en la primera democracia del mundo. Por otro, había quienes no dudaban de que el destrozo iba a ser inevitable. El primer mandato de Trump pareció dar la razón a los primeros, aunque los signos de deterioro de la convivencia habían arraigado ya. El segundo mandato que ahora vivimos bascula hacia el lado contrario. ¿Hemos de asumir que, inevitablemente, Trump va a arrasar con todo? No tan rápido……
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