A la vuelta de la esquina de la tragedia provocada por la dana espera otra amenaza de naturaleza también devastadora, la antipolítica. Mientras los expertos en emergencias describen cómo la desconfianza institucional nos mata, los abanderados de la ultraderecha hacen su agosto en las redes sociales aprovechando el dolor y la desesperación. Con distintas soflamas, el mensaje es el mismo: el Estado nos ha abandonado. Se puede llegar a entender que ese sentimiento lo tengan en estos momentos quienes aún no han conseguido localizar a sus seres queridos, quienes se afanan en sacar barro de sus casas mientras siguen sin luz ni agua, o quienes tienen que buscarse la vida para dar de comer a sus hijos. Pero no son estas gentes quienes están incendiando las redes, ni publicando artículos en los medios conservadores que llaman, literalmente, a ahorcar y descuartizar a los gobernantes, ni lanzando proclamas que esperemos no lleguen a males mayores. Para los primeros, toda la solidaridad y comprensión. Para los segundos, que andan tecleando desde sus portátiles tan cómodos como lo hago yo, un recordatorio de dónde está el Estado….
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